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Los lobos del centeno

En un idílico y recóndito valle de la olvidada Galicia interior del primer cuarto de siglo pasado las leyendas cobran vida El tranquilo y bucólico estilo de vida queda descarnado con la sangre, el mal y la muerte. Lobisomes, meigas, a Santa Compaña… Los delirios macabros y tenebristas de las noches de pesadilla han salido de entre los bosques camuflados en las mandíbulas hediondas de una bestia sin corazón. Por entre el dolor y la desesperación un hombre, el molinero del lugar, que al tiempo que lucha por olvidar su atribulado pasado debe guardarse del inquietante presente. La novela juega con maestría con el clasicismo costumbrista propio de una obra del siglo XIX, aprovechando la descripción de la vida y usos del interior para sacar a la luz los horrores velados que la tradición hubiese preferido dejar para los excesos del aguardiente.

Los jueves de Leila

Primera parte de la serie «Querer no es poder»: La casita de la montaña estará esperando a Leila cada jueves. Todos los jueves, uno tras otro hasta que su hermano se recupere. Su traslado a Nueva York va a ser muchísimo peor de lo que ella hubiera imaginado, y eso que aún no sabe cómo terminará su historia… Continuación de la serie «Querer no es poder» en el libro: «La indecisión de Leila».

Los jardines interiores

Amado Nervo era un escritor fino y elegante, con ese aspecto de hombre reservado y soñador que por mucho tiempo identificó a los poetas. Aunque se le conoce sobre todo por su poesía, Nervo escribió, también, muchos cuentos, donde hablaba limpiamente y con sencillez. Un periódico lo envió a la Exposición de París de 1900, para que desde allí enviara noticias y entonces conoció a un bella muchacha, Ana Cecilia, quien probablemente fue su más grande influencia. Se amaron diez años, hasta que ella murió prematuramente y él le dedicó su más famoso libro: «La amada inmóvil». «Los jardines interiores», fue publicado en 1905. Los poemas que componen este volumen fueron compuestos por su autor durante ese viaje por Europa a principios del siglo XX.

Los hombres invisibles

A Gerardo le cayó la sal, sus padres mueren, su esposa le es infiel y escoge a su amante. Además su vida pierde todo el sentido. Pero decide reinventarse y darle una nueva dirección buscando el rastro de «Los hombres invisibles», una tribu indígena que aún no ha tenido contacto con la civilización.

Los Haiduci

A principios del siglo XX, el campesinado rumano se desangraba a manos de los ocupantes griegos y turcos, aliados con los señores feudales y la burguesía. Los «haiduci», bandidos revolucionarios, lucharon por que se hiciera justicia. Reunidos en torno a una hoguera, un grupo de estos rebeldes, alentados por su capitana, cuentan las experiencias que los llevaron a sublevarse. Lírico y desgarrado, preciso hasta la extrañeza, Istrati da forma al espíritu de la revolución en las voces de un monje enamorado, una pastora guerrera o un soldado justiciero. Son relatos íntimos de resistencia, un retrato brutal del abuso ante el que es imposible no vibrar de indignación.

Los enemigos íntimos de la democracia

El nuevo libro de Tzvetan Todorov nos descubre al Todorov más implicado con el presente, en la línea de El miedo a los bárbaros. Los enemigos íntimos de la democracia denuncia que los peligros que acechan a las democracias occidentales no son tanto externos, como se nos ha querido hacer creer invocando el terrorismo islamista, los extremismos religiosos o los regímenes dictatoriales, sino internos. Todorov argumenta que nadie pone tanto en peligro la democracia como tres tendencias crecientes en el mundo occidental, empezando por los Estados Unidos: el mesianismo (que dio lugar a la invasión de Irak y a otros intentos de imponer por la fuerza la democracia en el mundo), el ultraliberalismo (el imperio de la economía por encima de la política, el poder de los medios de comunicación, el desmantelamiento del estado del bienestar) y el populismo y la xenofobia (el miedo al extranjero, el aumento del nacionalismo excluyente). Así pues, el enemigo está en nosotros mismos. Todorov llama a resistir y propone la necesidad de una «primavera europea» que ponga fin a estas derivas desde el convencimiento de que quien decide nuestro destino no es sino la suma de nuestras voluntades.

Los ejércitos de la noche

Nos sentimos orgullosos del rescate de Los ejércitos de la noche, uno de los mejores libros de la literatura americana de las últimas décadas, galardonado con el Pulitzer y el National Book Award, «un clásico», en palabras de E. L. Doctorow. En septiembre de 1967, alguien llamó a Norman Mailer para invitarle a participar en una marcha de protesta contra la guerra del Vietnam que se iba a realizar al mes siguiente en Washington. La idea había surgido de Jerry Lubin, Abbie Hoffman y otros activistas del «Youth International Party», pero en aquel anti-ejército que marcharía sobre el Pentágono el 21 de octubre de 1967 estarían representados todos los grupos de la vieja y la nueva izquierda, «hippies, yuppies, weathermen», cuáqueros, cristianos, feministas y las más variadas tribus urbanas y suburbanas. Mailer aceptó con renuencia. Ya tenía cuarenta y cuatro años y, a pesar de su bien ganada fama de provocador y disidente, tanto en literatura como en la vida, tenía contradictorios sentimientos con respecto a la guerra y quizá también más cosas que perder que «esas generaciones que creían en la tecnología, pero también en el LSD, en las brujas, en la sabiduría tribal, en la orgía y en la revolución». Mailer, junto con otras estrellas de la cultura americana de la época, fue, vio, participó, sufrió en carne propia la represión y escribió luego uno de los libros más descarnados e inteligentes sobre la década de los sesenta, sus mitos, sus héroes y sus demonios: «La biblia del Movement», en palabras de Jerry Rubin. Los ejércitos de la noche es una crónica de acontecimientos históricos que es también una novela y, en última instancia, un capítulo de la autobiografía de Norman Mailer. Porque el escritor, en esta «novela de no ficción», se constituye en personaje de su libro y deja que la historia, con toda su complejidad y sus contradicciones, hable en él. «Sin la menor duda, Los ejércitos de la noche es su mejor libro». (Diana Trilling). «Pienso que Los ejércitos de la noche es un testimonio personal tan brillante como el diario de Walt Whitman de la Guerra de Secesión, Specimen Days… un reportaje personal y político que trata con inteligencia y sensibilidad la actual crisis de los Estados Unidos… Mailer ha intuido en este libro que los tiempos exigen una nueva forma. Él la ha encontrado». (Alfred Kazin, The New York Times Book Review).

Los eduardianos

Sebastian y Viola, dos jóvenes hermanos que heredarán en un futuro no muy lejano la mansión de Chevron, con todas sus deslumbrantes pero envaradas costumbres, están a punto de dejar atrás la adolescencia y adentrarse en los entresijos de la alta sociedad inglesa bajo la atenta mirada de su aristocrática y severa madre, Lucy. Sin embargo, la irrupción de un impetuoso aventurero llamado Leonard Anquetil en una de las recepciones familiares trastocará irremediable y definitivamente sus vidas. El mundo que les espera promete amantes, exquisitas fiestas y entrañables tradiciones ligadas a la mansión rural y al servicio, pero también dobleces e hipocresías, reclusión y artificialidad. Todavía están a tiempo de tomar las riendas de su existencia, les recuerda Anquetil, pero ¿sabrán elegir sabiamente su camino?

Los domadores de caballos

La tribu del Ciervo Rojo es la única que todavía sigue gobernada por un inflexible sistema matriarcal. El joven Ronan, de notable carisma e inteligencia, es expulsado y se ve obligado a formar una peculiar tribu de parias en un valle idílico y secreto. Sin embargo, la irrupción de una violenta tribu que domina el arte de montar a caballo pone en grave peligro la apacible vida de la región. Los tiempos están cambiando y el caballo se convierte en un arma indispensable para ejercer el poder y protegerse de un medio hostil. Ronan acepta la arriesgada misión de liderar un ataque masivo contra los invasores, al tiempo que su corazón se ve cautivado por una joven de inusual belleza…

Los días del abandono

Una tarde tranquila, mientras recogen la mesa después de comer y los niños juegan en la habitación contigua, Mario anuncia a Olga que la deja. Así, de repente, sin explicación alguna, sin decir adónde va ni despedirse de sus hijos, Mario se marcha con un silencio humillante y profundamente doloroso para Olga, poniendo fin a casi veinte años de matrimonio. De pronto, acosada por los fantasmas de su infancia, Olga ve cómo se derrumba el escenario en el cual transcurría su existencia. En su obligada soledad, en un Turín tórrido y vacío a causa de las vacaciones, apenas puede asumir las responsabilidades cotidianas, hasta que, finalmente, un día aciago en el que la razón amenaza con abandonarla, todo estalla y su mundo se convierte en una espantosa pesadilla de la que cree no poder despertar. El descenso de Olga en los abismos de su infierno interior está narrado con un pulso tan intenso como firme, sin vacilaciones, con una voz desposeída de sentimentalismo y falso pudor. Con la fría precisión del acero, la mano maestra de Elena Ferrante atrapa al lector en un relato sin concesiones y de una sinceridad conmovedora.

Los días de la peste

La Casona es mucho más que una cárcel: es un microcosmos donde cada uno de los individuos que lo componen, desde el gobernador de la prisión hasta su mujer, pasando por los presos y los guardias, aceptan su suerte con resignación. La religión como salvación, el culto prohibido que todos profesan a una diosa vengativa que pretende destruir el mundo, y la peste, que matará por igual a ricos y pobres, une a estos personajes dispares de un rincón recóndito del mundo. En «Los días de la peste», una virtuosa novela coral, el autor nos sumerge magistralmente en una prisión narrativa, rompiendo con la manera de narrar clásica y se consagra cómo una de las voces más singulares de la actual narrativa latinoamericana.

Los diálogos frustrados

En el libro que aquí presentamos se recoge en un único volumen la obra teatral de Antonio Tabucchi, «Los diálogos frustrados», compuestos por dos obras teatrales «Señor Pirandello le llaman por teléfono» y «El tiempo apremia», que no son ajenas a su trayectoria, sino que son consecuencia del intento del escritor por «tratar de eliminar casi completamente la narración, explorando hasta el fondo la voz narrativa».

Los demonios

Dostoievski escribió «Los demonios», su novela deliberadamente política, entre 1871 y 1872. Tomaba como punto de partida una noticia aparecida en la Rusia contemporánea: uno de los grupos nihilistas terroristas de la época, «La venganza del pueblo», comandado por un tal Nechaev, asesinaba a uno de sus miembros, acusado de soplón y, muy probablemente, por desobedecer las directivas del líder. Dostoievski, en esta ficción, calificada por la crítica como «el libro de la gran ira», se lanza con toda la vehemencia de la que es capaz a combatir la existencia de estos grupos revolucionarios. Profetiza a su vez sobre las organizaciones del terror que el siglo siguiente conoció en sus más perversas y variadas versiones. En los años ’50, Albert Camus dijo que los argelinos que enfrentaban a los militares franceses le recordaban a los nihilistas de «Los demonios». Medio siglo más tarde, cuando cayeron las Torres Gemelas, volvieron a corporizarse los personajes de Dostoievski, esta vez como los terroristas islámicos que se inmolaron dentro de aquellos aviones. «Los demonios» tiene y seguirá teniendo ese efecto porque retrata como ninguna otra novela lo más electrizante, terrorífico y paradigmático de toda conjura: ese lugar donde la fe se cruza con el fanatismo, los fines se cruzan con los medios y los poseídos se topan con los vulgares mortales. La noticia de que un grupo nihilista de Moscú había asesinado a uno de sus miembros hizo que Dostoievski se sentara a escribir «Los demonios», una novela que es un terrible ajuste de cuentas, tanto con los jóvenes que querían hacer la revolución en la Rusia de 1870 como con el pasado como revolucionario del propio Dostoievski, que había sido enviado a Siberia veinte años antes. Máximo Gorki dijo alguna vez: ««Los demonios» es el más perverso, y el más talentoso, de todos los intentos por difamar el movimiento revolucionario de la década del 70». Es la tercera incursión de Fedor Dostoievski en la novela trágica. Las dos anteriores fueron «Crimen y castigo» y «El idiota». Al poco tiempo su imaginación afiebrada, militante y perseguida por acreedores completaría el conjunto con «El adolescente» y «Los hermanos Karamazov». J. M. Coetzee pone en boca de Dostoievski esta sentencia que bien puede dar una clave para ingresar a sus demonios: «Escribo perversiones de la verdad. Escojo los caminos más tortuosos, me llevo a los niños a los rincones oscuros. Sigo la danza de la pluma. La lectura consiste en ser el brazo y ser el hacha y ser el cráneo que se parte; la lectura es entregarse, rendirse, no mantenerse distante ni burlón. La verdad puede llegarnos por caminos tortuosos, llenos de misterio». Algunos dirán que «Los demonios» es una «novela panfleto», otros la festejarán como una de las más macabras y a la vez sarcásticas invenciones del genio ruso. Nadie puede negarle su vigencia.

Los cazadores de renos

En un pasado remoto, el aumento de las temperaturas provoca que los renos emigren lentamente hacia el norte. Los valles de los Pirineos aún ofrecen una buena caza para las tribus de la región, pero la disminución de especímenes revela por primera vez algo que luego será elemento clave en la historia del género humano: la escasez… En esta novela, dos tribus se disputan ferozmente los codiciados renos, fuente primordial para satisfacer las necesidades básicas. Sin embargo, los jefes deciden poner fin a la lucha fratricida e instaurar un período de paz. Y para ello disponen que sus respectivos hijo e hija se casen. La unión del joven Nardo y la bella Alane provoca, desde luego, conflictos personales y culturales, pero deberán dejarlos de lado cuando una amenaza desconocida ponga en peligro la supervivencia de ambas tribus…

Los cañones del atardecer

«Los cañones del atardecer» es una impresionante epopeya sobre el fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa, desde Normandía hasta la rendición en Berlín, con la que Rick Atkinson completa su monumental «Trilogía de la Liberación», que se inició en 2002 con «Un ejército al amanecer», galardonado con el Premio Pulitzer, y siguió en 2007 con «El día de la batalla».

Los aires difíciles

Juan Olmedo y Sara Gómez son dos extraños que se instalan a principios de agosto en una urbanización de la costa gaditana dispuestos a reiniciar sus vidas. Pronto sabemos que ambos arrastran un pasado bien diferente en Madrid. Sin buscarlo, «abocados a convivir con los únicos supervivientes de un naufragio», intercambiarán confidencias y camaraderías gracias a la inesperada complicidad que propicia compartir una asistenta, Maribel, y el cuidado de los niños. Sara, hija de padres menesterosos, que vivió una «singular infancia de vida prestada» con su madrina en el barrio de Salamanca, sufre el estigma de quien lo tuvo todo y luego lo perdió. Juan, por su parte, huye de otras injusticias: la de una tragedia familiar y un amor secreto y torturante, que han estado a punto de arruinar su vida. Como el poniente y el levante, esos aires difíciles que soplan bonancibles o borrascosos en la costa atlántica, sus existencias parecen agitarse al dictado de un destino inhóspito, pero ellos afirman su voluntad férrea de encauzarlo a su favor.