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La mirada inmóvil

Esta novela propone al lector un viaje peculiar, desde los enigmas de nuestra historia de principios de siglo hasta las confusiones del presente y del próximo futuro. La desdoblada —en realidad, multiplicada— personalidad del protagonista llega a amalgamar, en su lúcido delirio, un riquísimo repertorio de valores psicológicos, filosóficos, y sobre todo, líricos, es decir poéticos. Y todo en la densa vena de un humorismo implacable. Sender no nos ofrece soluciones, pues para él —son palabras suyas— «la vida es un caminar constante hacia una meta inalcanzable». Un camino a lo largo del cual vivimos el amor y el odio, la voluptuosidad y la angustia, la esperanza, el anhelo, la soledad y el desaliento. La ironía de Sender, ora chispeante, ora apenas insinuada entre líneas, no excluye un delicado trasfondo de ternura (o, acaso, de genuina y muy humana «piedad»). Se realiza así, en la dilatada y frenética consciencia del protagonista, el ideal senderiano de «humanidad desnuda» que nuestro autor contrapone al concepto de «persona», recordándonos de pasada, y no sin intención, que al fin y al cabo «persona» significa «máscara». Máscara que tal vez sólo sea accesible a través de la mirada neutra y terrible del «Bobo de Coria», ese enigmático lienzo en el que Velázquez fijó para siempre la expresión de una insondable obtusidad (o de una certeza no menos insondable…) Una mirada que no sabemos o no podemos descifrar: la «mirada inmóvil» en que el todo y la nada se identifican.

La mesa de las tres moiras

Cuando Jack —norteamericano, piloto de la aviación comercial retirado— sale de su casa dispuesto a dar un paseo por un parque próximo, está lejos de imaginar que va a toparse con el personaje más excéntrico y fantástico que haya conocido en su vida: Mitchell, el esquizofrénico permanentemente acompañado por un mudo celador. El largo monólogo de Mitchell constituye el núcleo central de esta apasionante novela, y a través de él Sender teje una inquietante historia en la que reaparecen una y otra vez los temas obsesivos de la locura universal y de la culpabilidad. Se habla de Hitler, de Stalin, de los crímenes cometidos por los alemanes, del fanatismo japonés, de la humanidad manipulada por la electrónica… Y aunque quien habla se supone que está loco, esta misma locura permite decir sin ningún freno lo que en otro tipo de relato hubiera sido imposible.

La mediadora

Es muy probable que la historia que se cuenta en esta novela, la de Mavi y Agustín, nos toque muy de cerca. Su divorcio engrosa esa estadística que dice que España es el quinto país del mundo por número de divorcios. Por mucho que la suya sea una historia común, repetida miles de veces, tampoco en su caso, como en el de nadie, la estadística les había preparado para la sensación de fracaso, el rencor y la incertidumbre que acompañaron a su ruptura.¿Cómo es posible, se preguntan, nos preguntamos todos, que dos personas que han compartido tanto —hijos, techo, ilusiones y sinsabores— hayan roto sus puentes de una manera aparentemente irreparable? Jesús Sánchez Adalid sorprenderá a sus lectores con una narración muy alejada de sus exitosas novelas históricas. Un relato aparentemente sencillo pero imposible de soltar, cuyos personajes apelarán directamente al corazón de los lectores, a los que harán reflexionar sobre la necesidad de llegar a acuerdos para conseguir perdonar: un requisito imprescindible cuando se quiere vivir en paz.

La matanza de Grub Street

Bruce Alexander de la mano de Jeremy Proctor, el joven asesor del juez ciego John Fielding, nos introduce en esta ocasión en el mundo de la cicatería, las envidias, los resquemores y las rivalidades que a finales del siglo XVIII dominaban el mundo editorial londinense. Ahí parece residir el origen de un macabro y brutal asesinato múltiple cometido en la calle de las imprentas por excelencia, y el perspicaz magistrado tendrá que hacer gala de todo su talento para demostrar que el joven al que arrestaron con un hacha ensangrentada en la mano nada tuvo que ver en ello.

La máscara de una mujer

—¿Crees que ama a otro? Porque no me irás a decir que Kathy es una sentimental… Si he conocido a una joven prosaica, sin gota de sentimentalismo, esa muchacha es mi hija. Mi propia hija. Y te digo, Andrea, que le hablaré esta misma noche. No me gusta su método de vida. Independiente, utilitaria, como si le importara un rábano la opinión paterna. Pues esto se acabó, ¿me entiendes, Andrea? Quiero que mis hijos hagan buenas bodas, que sean todo lo que yo no fui, que tengan hijos a los cuales enviarán a colegios importantes, los eduquen para figurar en el gran mundo.

La mariposa de la muerte

Erika, que aún podía ver gracias a la escasísima luz morada que iluminaba el interior del coche, pudo ver varias calaveras, eran las mariposas gigantes. Todo tenía que ser una pesadilla alucinante, algo extraña e incomprensible. No podían existir semejantes mariposas gigantes, con cabezas de calavera y largas antenas prismáticas que se movían como buscando ondas que captar. Los macabros insectos lepidópteros que rodeaban el coche comenzaron a empujarlo poco a poco… Erika, aterrada, se vio trasladada dentro del vehículo hasta que llegaron a una pendiente y el auto se deslizó más aprisa. Las mariposas quedaron atrás, con las alas desplegadas. El coche cayó al fin sobre una ciénaga y comenzó a hundirse lentamente. Erika apenas se daba cuenta de ello y tenía la impresión de hallarse sobre un bote en medio de un lago. No tardó en ver que el barro subía y subía. Quiso abrir las portezuelas y ya no pudo. Se fue hundiendo inexorablemente, como encerrada dentro de un ataúd de lujo del que no podía escapar. Desesperada, comenzó a golpear los cristales y el techo mientras un buen número de mariposas de la muerte revoloteaban en torno a su cuerpo desnudo.

La marcha de la locura

«La marcha de la locura» incluye cuatro ensayos en los que Barbara Tuchman, presenta ejemplos de la insensatez de los gobernantes: la guerra de Troya, con su famoso caballo que rompiera la resistencia de la ciudad; la actitud de los papas del Renacimiento, motivo en gran medida de la separación protestante; la pérdida de las trece colonias por parte de Inglaterra y la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.

La marca del asesino

Un avión de pasajeros es abatido cuando inicia el despegue del aeropuerto de Nueva York. Todo apunta a que detrás del brutal atentado se oculta un grupo radical palestino. Pero poco después aparece el cadáver del presunto terrorista con tres disparos en pleno rostro. Es la marca del asesino, un espectral e implacable ejecutor. Y cuando Michael Osbourne, el agente de la CIA encargado del caso, comienza la persecución del asesino se ve envuelto en una trama cuyos hilos controlan en la sombra los instigadores de una ambiciosa conspiración.

La maravillosa medicina de Jorge

Jorge, empeñado en cambiar a su desagradable abuela, inventa una maravillosa medicina con la que consigue transformarla. Pero nada resulta como Jorge esperaba. Los animales de la granja también la han tomado… y las situaciones más disparatadas no se hacen esperar.

La máquina de Joseph Walser

En una ciudad sobre la que planea una imprecisa aunque inminente amenaza de guerra vive Joseph Walser, un hombre gris, silencioso y taciturno, un «hombre común», como él mismo se denomina. Aunque vive con su mujer, Margha, solo dos ocupaciones consiguen atraer su atención: la exigente dedicación al funcionamiento de una potente y peligrosa máquina en la fábrica donde trabaja y la colección de pequeños objetos metálicos que recoge de todas partes y que conserva secretamente en una habitación de su casa. El estallido de la guerra y su desarrollo se muestran en esta extraordinaria narración a través de la evolución de los discursos de Klober Muller, el jefe de Walser en la fábrica. Estos constituyen una reflexión recurrente sobre la libertad del individuo en sociedad, sobre el valor práctico de la sumisión al orden y sobre los paralelismos entre el creciente poder de las máquinas y la mecanización de las relaciones sociales.

La maldición de los Dain

Un ladrón asalta la casa de Edgar Leggett (un químico dedicado a los tintes) y se lleva una serie de diamantes de un joyero que había prestado a Leggett para que los tiñera y aumentara así su valor. El robo de los diamantes no es sino el principio, el pico de la manta. Una enorme historia de conspiraciones existe alrededor de esos diamantes de los que es imposible hablar sin crear spoilers. El protagonista es un Agente de la Continental (detective) el cual afronta todo lo malo del ser humano, desde muertes dispares y locuras, hasta drogadicciones y rencores que se creían olvidados.

La maldición de Hill House

La escritora Shirley Jackson (1916-1965) publicó su primera novela «The Road Through the Wall» en 1948, a la que siguieron «Hangsaman» (1951), «The Bird’s Nest» (1954), «The Sundial» (1958)y «We Have Always Lived in the Castle» (1962), que obtuvo una valiosa publicidad extraliteraria cuando al marido de Shirley Jackson se le ocurrió hacer público, en las páginas de un conocido rotativo, que su autora había practicado la brujería, cosa que ésta negó rápidamente. No obstante, después de su muerte, se supo que semejante desmentido sólo trataba de evitar el rechazo de la opinión pública hacia su persona. Según explicó su hijo, Laurence Hyman, su madre poseía un tablero Ouija y cartas del tarot y sabía perfectamente cómo utilizarlos, además de unos quinientos libros sobre ocultismo. «La maldición de Hill House» («The Haunting of Hill House», 1959), considerada una de las principales novelas de horror del siglo XX, narra el inquietante experimento de John Montague, doctor en Filosofía y antropólogo, que lleva años entregado al estudio de «las perturbaciones psíquicas» que suelen manifestarse en las «casas encantadas». Infructuosamente ha buscado una casa idónea, cuando un día oye hablar de Hill House, una mansión solitaria y de siniestra reputación. Montague decide alquilarla y busca ayudantes dispuestos a pasar una temporada en ella: Eleanor, una mujer desdichada que, tras once años cuidando a su arisca madre inválida, se ha vuelto una persona solitaria; Theodora, joven alegre y curiosa, seleccionada por su increíble capacidad telepática; y Luke, vividor y mentiroso, incluido en el grupo por exigencia de la propietaria, su tía. El objetivo: tomar notas de cualquier fenómeno paranormal que se presente para documentar el libro sobre casas encantadas que prepara el doctor. Las alucinantes experiencias que vivirán en la casa será mejor que el lector las descubra por sí mismo.

La luna de papel

Tal vez porque Salvo Montalbano siente más que nunca la onerosa carga del tiempo sobre sus hombros, el lector asiduo del comisario siciliano lo encontrará más maduro y reflexivo que nunca, aunque no por ello menos dispuesto a desenmascarar la impostura y las trampas con que intentan confundirlo, y, naturalmente, sin renunciar un ápice a su acostumbrada alergia a los mandos superiores y al juez de turno. El nuevo caso de Montalbano, uno de los más turbios a los que se ha enfrentado, arranca con la desaparición de Angelo Pardo, un solitario y enigmático representante de productos farmacéuticos. El posterior hallazgo de su cadáver en circunstancias no precisamente decorosas plantea una cadena de interrogantes sobre el móvil del crimen, por lo que Montalbano centra su atención en las mujeres más cercanas a Angelo: su hermana Michela, una solterona que bajo sus ropas anchas esconde una voluptuosidad que turba a nuestro comisario, y su amante Elena, la joven y bellísima esposa de un viejo profesor. Sus historias se contradicen y Montalbano, que sospecha que ambas ocultan algo, se esfuerza en sacar agua clara de todo ello. Puesta a prueba por enésima vez su fidelidad a Livia, en esta novena entrega Salvo Montalbano se acerca como nunca a la psicología femenina, al tiempo que se rebela contra las primeras manifestaciones del paso de los años. **

La lucha por Barcelona

¿Por qué Barcelona se convirtió en la capital indiscutible del movimiento anarquista europeo, en los años que precedieron a la Guerra Civil? En este libro se analiza la protesta social, el conflicto urbano, las culturas de clase y la represión en uno de los centros revolucionarios más importantes del siglo XX. Chris Ealham investiga las fuentes del poder anarquista en la ciudad, colocando a ésta en el centro de la vida política, cultural, social y económica de España entre 1898 y 1937. Durante este periodo, una variedad de grupos sociales, movimientos e instituciones competían entre ellos para imponer su propio proyecto urbano y político en Barcelona: las autoridades centrales luchaban para retener el control de la ciudad española más rebelde; los grupos nacionalistas deseaban crear la capital de Cataluña; los industriales locales querían construir una urbe industrial moderna; las clases medias urbanas peleaban por democratizar la ciudad; y, mientras tanto, los anarquistas buscaban terminar con la opresión y explotación a la que estaban sometidos los obreros de la ciudad. Todo ello desencadenó un torrente de conflictos, con frecuencia violentos, por el control de la ciudad, tanto antes como después de la Guerra Civil.