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Ojos bonitos

Al pasar a la altura de la terraza del café Oriental, la muchacha levantó los ojos. Eran extraordinariamente grises, de un gris claro y transparente. Indudablemente bellísimos. César parpadeó. Los suyos eran negros y serios. Siguieron la esbelta figura vestida de oscuro que caminaba calle abajo con un paquete bajo el brazo. –Asombrosamente guapa –dijo César, sin poder disimular su admiración. –Pero inasequible –replicó indiferente Jesús Padilla. –¿Sí? ¿Por qué? Jesús alzóse de hombros.

Ojo por ojo… diente por diente

Era una hermosa tarde soleada, llena de aromas del campo, cuando Raymundo Santos cabalgaba por la pradera. Un encuentro afortunado le hará ver su suerte en “El ahorcado”. Esta y otras historias que sin lugar a dudas te harán pasar horas de intensa emoción que son relatadas por la abuela Doña Mica, quien sentada en su vieja mecedora solía deleitar los curiosos oidos de sus nietos con relatos misteriosos de su pueblo natal. Si quieres pasar un emocionante rato de miedo, escoge tu lugar preferido y siéntate al lado de Doña Mica para disfrutar de sus ingeniosas historias.

Ojo con el sordo

«Con la ayuda de los miembros de la comisaría 87 —anunció el Sordo por teléfono—, voy a robar 500 000 dólares el último día de abril». Y no se conformó con eso. Fue dando pistas a los policías de la Brigada 87 para que supieran exactamente dónde y cómo se disponía a cometer el atraco. Y su plan era perfecto. En la comisaría 87 el trabajo se iba acumulando. Como si no tuvieran bastante con el ladrón de pisos y con el tipo que apareció bárbaramente crucificado, el Sordo amenazó con volver a las andadas, y se puso a enviar fotos de Edgar Hoover y otros malditos mensajes en clave. Carella y los suyos podrían haber hecho «oídos sordos» a aquellas majaderías, pero ya conocían cómo las gastaba el Sordo y sabían que el Sordo nunca amenaza en balde. A Ed McBain le gusta contar historias, saber que tiene a sus lectores pendientes de cada una de sus palabras, de principio a final. Y lo consigue, ya creo que lo consigue. Y también consigue que el lector, al terminar la lectura, se quede unos instantes atónito, pensativo, y que resople y arquee las cejas refunfuñando: «En menudo lío estamos metidos». Aunque quizá lo logre sin proponérselo. Eso es lo bueno.

Oh, Jerusalén

Jerusalén, la ciudad más querida, más sagrada, más agitada del mundo. Jerusalén, encrucijada, desde los albores de la Humanidad, de los caminos de los pueblos y del Verbo de Dios. En la prodigiosa mezcolanza de sus piedras, de sus habitantes y de sus creencias, Dominique Lapierre y Larry Collins han situado la acción de su libro, OH, JERUSALEN. La rigurosa documentación, el apasionado sentido del detalle, el poder narrativo que convirtieron a sus libros anteriores en grandes éxitos mundiales de edición, se han dado cita de nuevo en esta obra. Jerusalén, 14 de mayo de 1948. La Ciudad Santa está sometida a sangre y fuego, una vez más en su Historia. En este día, los ingleses abandonan Palestina después de treinta años de ocupación; los judíos proclaman el nacimiento de Israel; y los árabes se ponen en pie de guerra. Empieza un conflicto que ya no se detendrá. OH, JERUSALEN narra, de un modo apasionado y objetivo a la vez, el nacimiento de ese conflicto. En OH, JERUSALEN se nos habla de una ciudad que se convirtió en la apuesta y en el símbolo de una lucha fratricida; del jefe árabe Abdel Kader, precursor de los actuales “feddayin”, que descendió de las montañas, con sus partisanos, para asediar la Ciudad Santa; de los diez mil judíos de la ciudad, condenados a morir de hambre y sed bajo el diluvio de los bombardeos árabes; de los ancianos y niños de Tel Aviv, abriendo, en las colinas de Judea, una ruta secreta para llevar a sus hambrientos hermanos algunos sacos de harina; de centenares de supervivientes de las cámaras de gas, que pagaron con su vida el derecho a entrar en el suelo de la Tierra Prometida. En OH, ,JERUSALEN se nos cuenta la historia de los nobles bereberes de la legión Árabe que acudieron en ayuda de la mezquita de Omar; de millares de familias árabes y judías, convertidas en enemigas después de haber compartido las mismas piedras durante siglos; de jóvenes árabes y judíos unidos por lazos de amor y a los que la guerra separó brutalmente; de los soldados ingleses llegados para hacer reinar la paz en Tierra Santa y que, siguiendo el dictado de sus pasiones, desertaron en favor de uno u otro bando; el drama del pequeño pueblo de Jerusalén, árabe y judío, regando con su sangre los parajes que recorrieron David, Jesús y Saladino; el fantástico juego del escondite a que se entregaron árabes y judíos a través del Mundo para comprar las armas con que querían conquistar Jerusalén. En OH, JERUSALÉN se nos describe a Golda Meir, que, disfrazada de mujer árabe, se entrevista en secreto con el rey Abdullah, para intentar salvaguardar la paz; a Faruk, que decide entrar en guerra tras una partida de póquer; a David Ben Gurion, esbozando la primera proclamación del Estado judío en un trozo de papel higiénico. La lectura de este libro conduce al lector hasta Harry Truman, Presidente de los Estados Unidos; hasta Stalin, en Yalta; hasta Attlee, en Londres: por doquier se jugara, en aquella crucial primavera del 48, la suerte de Jerusalén y Palestina. Dominique Lapierre y Larry Collins dedicaron casi cuatro años de esfuerzos a la redacción de OH, JERUSALEN Doscientos cincuenta mil kilómetros recorridos a través de Oriente Medio, Europa y América; dos mil entrevistas; seis mil páginas de documentación; la colaboración de veinte entrevistadores y el estudio de quinientos kilos de documentos secretos fueron necesarios para pintar este vasto fresco histórico, desbordante de aventuras, dramas, amor, heroísmo y secretos desvelados.

Obsesión

Patty Bigelow pensaba que por fin había conseguido enderezar su vida, pero de repente, su rebelde hermana Leila abandona a su hija, Tanya, en la puerta de su casa. Tía y sobrina aprenden con dificultad a vivir juntas con la ayuda profesional del doctor Alex Delaware, psiquiatra. Ahora, quince años después, Tanya acude de nuevo a la consulta de Alex porque la única madre que ha tenido, Patty Bigelow, ha fallecido dejando a la joven un extraño legado: le confesó, en su lecho de muerte, haber matado a un hombre años atrás. Este acto de barbarie abrirá inevitablemente un túnel al pasado en el que los secretos, junto con los cadáveres, han sido profundamente enterrados.

Obras Morales y de Costumbres III

Este volumen reúne una serie de escritos plutarqueos emparentados por una intención ejemplarizante vehiculada mediante casos extraídos de la historia. Por «Máximas de reyes y generales» desfilan hechos y sentencias emblemáticos y aleccionadores de grandes estadistas griegos, persas, escitas, siracusanos, macedonios y sirios; Alejandro Magno se lleva la palma con treinta y cuatro menciones, pero también asoman a estas páginas Pisístrato, Licurgo, Alcibíades y Pericles, entre otros muchos. «Máximas de romanos» es un apéndice al anterior tratado que ofrece una panorámica histórica desde el siglo III a. C., y constituye una excelente invitación para leer las Vidas paralelas, pues el lector entra en contacto con Fabio Máximo, Escipión el Mayor, Catón el Viejo, Escipión el Joven, Cicerón y Gayo César, que protagonizan algunas de las biografías de esta serie. «Máximas de espartanos» aplica el mismo tratamiento a personalidades lacedemonias, y expresa la admiración que el autor siente por el pueblo de Esparta, su constitución política y su tipo de vida, así como por su proverbial carácter austero. «Antiguas costumbres de los espartanos» recopila anécdotas de la vida cotidiana lacónica en las que Plutarco expresa de nuevo su querencia por Esparta, pero no a través de sus personajes encumbrados, sino de referencias precisas a su alimentación, educación y demás elementos constitutivos, sacadas de los tres grandes historiadores griegos: Heródoto, Tucídides y Jenofonte. «Virtudes de mujeres», dirigida a Clea, amiga de Plutarco y sacerdotisa del templo de Delfos, es un texto singular por su carácter antimisogínico, puesto que incluye casos históricos donde relucen las virtudes de mujeres reales definidas por su nobleza y no por su procedencia: troyanas, focenses, quiotas y demás se distinguen por el coraje, la audacia, la bondad, la honradez y la inteligencia. Como ya demostrara en «Deberes del matrimonio» (volumen II de los Moralia), Plutarco siente un hondo respeto por la mujer y cree posible la felicidad duradera en el matrimonio, que él experimentó en su propia vida.

Obras morales y de costumbres I

Este primer volumen de los Moralia consiste sobre todo en tratados éticos acerca de la relación moral con uno mismo y con los demás, y en varias cuestiones referidas al aprendizaje de los jóvenes.

Obras completas (Tomo I)

Lo más provocativo del pensamiento de Rodolfo Kusch es la superación de la clásica oposición entre el ser y la nada a través de la experiencia raigal del «mero estar nomás». «El estar» se convierte paulatinamente en la categoría central de su pensamiento. Lo bucea en los distintos universos de la América profunda, ya en la soledad de la quebrada como en los rincones de la gran ciudad. En todos trata de descubrir a ese sujeto que pugna por liberarse de la ficción de querer «ser alguien» resistiendo, a la espera de un fecundo «estar-siendo-para-el-fruto». La obra de Rodolfo Kusch corrió el riesgo de permanecer disgregada e inhallable, pero la fuerza de su pensamiento pudo más y lo muestra la concreción de esta obra.

Obrar mal, decir la verdad: la función de la confesión en la justicia

Invitado por la Escuela de Criminología de la Universidad Católica de Lovaina, en 1981 Michel Foucault dicta las seis clases del curso Obrar mal, decir la verdad: Función de la confesión en la justicia, en un contexto marcado por los debates entre abolicionistas y partidarios de posiciones de «mano dura» en torno a la reforma del Código Penal. En ese sentido, el curso contribuye a socavar el discurso criminológico de la peligrosidad. Pero Foucault va más allá: reflexiona acerca de la larga historia de la confesión, del «decir la verdad» en las instituciones judiciales y religiosas de Occidente, de los poderes y los efectos que tiene la obligación de decir la verdad sobre sí mismo. A modo de presentación, evoca una escena ciertamente dramática que transcurre a mediados del siglo XIX: un psiquiatra francés induce a un enfermo que ha sufrido delirios y alucinaciones a reconocer que nada de lo que relata ha ocurrido, que sólo se trataba de locura; por la fuerza, lo obliga a reconocer su condición de loco, confesión que se convierte en un elemento decisivo en la cura. Esta escena revela la complejidad de una práctica que, aun bajo coacción, necesita suponer un sujeto libre que se comprometa a ser lo que afirma ser. A lo largo del curso, con deslumbrante erudición y fluidez, Foucault analiza la trayectoria de ese acto verbal mediante el cual el sujeto plantea una afirmación sobre lo que él es, queda vinculado con esa verdad, se pone en una relación de dependencia o sumisión respecto de otro y modifica a la vez la relación que tiene consigo mismo. Publicada por primera vez casi en simultáneo en francés, inglés y español, esta obra traza la historia de una práctica que se extiende desde la Antigüedad griega, pasando por el examen de conciencia y la «confesión tarifada» en el ámbito medieval y cristiano, hasta el dominio moderno y contemporáneo. Una práctica que no cesa de crecer hasta involucrar casi todos los aspectos de la vida personal, y que revela tanto los procedimientos judiciales de producción de un efecto de verdad como la necesidad del sujeto de tener un discurso de verdad sobre sí mismo. «En Obrar mal, decir la verdad, la exposición de Foucault va mucho más allá de cuanto se sugiere en el subtítulo. En efecto, no se trata sólo de la función de la confesión en la justicia, sino de una historia de la confesión desde Homero hasta el siglo XX, en la que Foucault nos muestra las líneas que vinculan los dos extremos de su proyecto en torno a la sexualidad. Este curso es, de algún modo, el eslabón perdido de la Historia de la sexualidad». (Edgardo Castro).

Nunca la Jodas

Si en Dinero fácil los bajos fondos de Estocolmo eran los protagonistas absolutos, en Nunca la jodas sus antihéroes se siguen moviendo como peces en el agua entre maleantes, estafadores, mafiosos y ex convictos. Jorge, Mrado y JW ceden la batuta a Mahmud, Niklas y Thomas Andrén, pero sin llegar a desaparecer de escena.
A Mahmud no le queda otra que acabar trabajando para el capo yugoslavo Radovan tras su paso por la cárcel. Niklas vuelve a casa de su madre después de unos difíciles años en Irak enrolado en una organización militar. Y Thomas se debate entre policía corrupto y delincuente de poca monta. Un caso de asesinato en el que hay más sombras que luces se convierte en una niebla que envilece las calles de la capital, y además hace que los protagonistas tropiecen con algo que podría resultar demasiado grande… Incluso para la propia Suecia: la muerte del primer ministro, Olof Palme.
«Una nueva voz que aporta solvencia narrativa, inteligencia en la creación de personajes y una inquietante verosimilitud. Otra instantánea perturbadora, acaso la más realista hasta la fecha,, del antiguo paraíso nórdico zarandeado por la globalización criminal».LORENZO SILVA

Nueve y la muerte son diez

La muerte navega a bordo del Edwardic. “¡Apaga esa luz!” gritó una voz casi en su oído. No se había dado cuenta de que estaba en medio de una pequeña multitud, hasta que una docena de movimientos agitaron el amargo aire. Algo duro, un hombro o una mano, lo golpeó debajo del omóplato izquierdo empujándolo hacia adelante. Entró en pánico al ver la barandilla precipitarse sobre él, balanceándolo lo suficiente para ver el fosforescente hervidero debajo. Justo delante de él, alguien salió de la oscuridad y golpeó la mano que sostenía el fósforo. Su luz se extinguió. “¿Cómo se te ocurre mostrar una luz en cubierta?” exigió la voz del tercer oficial. “Hombre al agua”, Hooper logró tartamudear. “Cayó al agua, con una bala en la parte de atrás de su cabeza. Incluso vi al tipo que le disparó. Por el amor de Dios, no se quede ahí preocupándose por fósforos. Hombre al agua”.

Nuestra Señora de la Luna

Volvió a nacer la noche del siete de septiembre, víspera del Pino, durante una ola de calor sofocante. Al hombre, por supuesto, le importaba un bledo su renacimiento, ¿quién sabe si lo que buscaba era precisamente acabar con todo de una vez para siempre? Una aparición, la de un hombre que deambula solo y desnudo por una carretera, y una desaparición, la de un periodista que pregunta demasiado, se entrecruzan en mitad de septiembre. Ambos caminos conducen a un valioso cuadro del siglo XVII del que nadie quiere hablar. El calor es huraño. El aire irrespirable. Todos mienten. En este escenario, a Ricardo Blanco le toca descifrar el enigma de Nuestra Señora de la Luna, en un momento de su vida en el que todo parece desmoronarse. Por si fuera poco, cada huella conduce a un lugar diferente (el Museo Diocesano, el Convento de las Ursulinas, el Obispado) pero igual de confuso.

Nuestra América

Generalmente se piensa en Estados Unidos como una ramificación de Inglaterra, con un desarrollo histórico que avanza de este a oeste y arranca con los primeros colonos ingleses de Jamestown. Esta perspectiva no atiende a la significación del pasado hispánico de Estados Unidos. Dado que el perfil de este país es cada vez más hispano, la importancia de recuperar esa dimensión del relato nacional es hoy mayor que nunca. Esta apasionante historia comienza con los exploradores y conquistadores que asentaron las primeras colonias españolas en Puerto Rico, Florida y el sudoeste norteamericano. Misioneros y ganaderos llevaron el impulso expansivo de España hasta finales del siglo XVIII, colonizando California, elaborando mapas del interior americano hasta las Montañas Rocosas, y trazando la costa del Pacífico. Durante el siglo XIX anglo-América se expandió hacia el oeste bajo la bandera del «Destino Manifiesto», y consolidó su predominio mediante la guerra con México. En el resurgir hispano que siguió, fueron los pueblos de América Latina los que se diseminaron por todo el continente, desde el territorio hispánico del oeste hasta grandes ciudades como Chicago, Miami, Nueva York y Boston. Es evidente que Estados Unidos tiene un presente y un futuro hispanos. Felipe Fernández-Armesto nos presenta una nueva historia de Estados Unidos con un pasado hispano, escrita con la característica agudeza, ingenio e inteligencia de uno de los más eminentes historiadores internacionales. «Una crónica rica y conmovedora […] Quizá la primera historia que plantea la posibilidad de que esta nación se convierta en un prometedor país latinoamericano.» «New York Times Book Review» «Extremadamente bien escrito y apasionante.» «Los Angeles Times»

Noviembre sin violetas

Juan Galba se cree a salvo en su tranquilo empleo en un balneario. Hace ya una década que disolvió la sociedad criminal que formaba con su gran amigo, Pablo Echevarría, muerto en extrañas circunstancias. Pero un día se presenta en el balneario Claudia Artola, la viuda de éste. Lleva consigo unas cartas que obligarán a Juan a volver, muy a su pesar, a los manejos ilícitos. Por una lealtad no exenta de culpa, deberá proteger a Claudia de una implacable persecución y resolver un escabroso crimen. Pero lo que Juan no sospecha es que tras la sucesión de cadáveres y asesinos, se perfila una venganza perfectamente trabada. Noviembre sin violetas parece, en una primera aproximación, una apasionante y vertiginosa novela policíaca. Sólo que en este caso el enigma encuentra al detective y no al revés, como suele ser habitual en este género. Desde esa inversión de los cánones, nada es lo que parece y los personajes casi nunca muestran su verdadero rostro. La novela es, en fin, una reflexión sobre la absolución que quizá merezca toda acción humana y sobre la condena que pesa, por el contrario, sobre sus consecuencias.

Nota sobre la supresión general de los partidos políticos

Entre los filósofos europeos del siglo XX destaca la brillante figura de Simone Weil, profesora de filosofía e intelectual comprometida con el sindicalismo revolucionario. En este texto Weil denuncia el carácter dogmático de los partidos, su funcionamiento basado en la disciplina y lo que constituye verdaderamente su única finalidad: la consecución del poder y la permanencia en el mismo.