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La mujer de tu prójimo

La polémica obra maestra del escritor y periodista Gay Talese sobre las costumbres sexuales en Estados Unidos, en una edición revisada y actualizada. La publicación en 1981 de «La mujer de tu prójimo» revolucionó la percepción de las costumbres sexuales de los estadounidenses y, por extensión, de Occidente. El ya clásico reportaje de Gay Talese aborda uno de los grandes temas de nuestro tiempo de forma magistral, sorprendente y reveladora. Talese se embarcó en una excepcional investigación de la revolución sexual del siglo XX, en la que podemos oír las voces de sus grandes protagonistas: desde partidarios de la censura y ciudadanos escandalizados, pasando por los propietarios de salones de masajes, hasta el fundador de la revista «Playboy», Hugh Hefner. Historias de primera mano en las que el autor compromete su intimidad en más de una ocasión con el fin de explotar el cambiante paisaje sexual y moral en los años posteriores a la revolución de los años setenta. Fascinante y polémico, «La mujer de tu prójimo» cambió la manera en que nos veíamos a nosotros mismo y a los demás.

La muerte regaló cinco llaves

Finalmente, la soga le alcanzó el cuello y se ciñó en torno a su yugular. Arlene chilló de nuevo, esta vez dando una sacudida tan violenta que estuvo a punto de volcar el sillón de ruedas. Se llevó las manos a la cuerda, desesperadamente, queriendo aflojársela pero la soga se alzó, de pronto, y ella también quedó allí colgando, junto a tío Jess. Poco después, se balanceaban sus piernas sin vida, como asimismo sin vida se balanceaba su cuerpo.

La muerte del pequeño burgués

Franz Werfel —el «imperdonable Werfel», como lo llamó Kafka— nació en Praga en 1890 y murió en su exilio estadounidense en 1945. Fue poeta, dramaturgo y narrador. Como poeta, fue uno de los creadores del expresionismo y un entusiasta y cálido amigo de la vida. Como dramaturgo, fue el autor de un drama con tema mexicano: «Juárez y Maximiliano», una tragedia histórica que pronto se esfuma en una tragedia religiosa, no política. Como narrador es endemoniadamente camaleónico: lo mismo exploró la ciencia fantástica que el género popular y el relato de aventuras (en libros muy afortunados como «Verdi, novela de ópera»), que la ficción seria, religiosa y tolstoiana («La canción de Bernardette», por ejemplo, que lo llevó a las puertas del catolicismo). Werfel es también autor de algunos cuentos —tres de los cuales presentamos en esta edición— literalmente sin par, por la agilidad amable y percusiva del estilo, por el continuo brotar de las imágenes, y por el perfil imprevisible de sus argumentos. No se tiene una idea de lo que es la prosa moderna si no se ha dejado resonar en nosotros esta prosa, con sus atmósferas morbosas, trasoñadas y lúcidamente desconsoladas. ¿De qué habla Werfel? De los esplendores de un imperio desaparecido y de pintura (aquí se leerá un relato que dramatiza lo complejo e intrincado que pueden llegar a ser las seducciones del arte), de hedonismo (como experiencia en sí misma sustancial y redentora) y del hecho de afrontar la muerte con una epifánica conciencia superior; de taxonomías sociales, de la vieja Praga de las mil torres, de animados burdeles y de prostituta en actitud risueña; de gente que soporta conmociones genuinas, serios golpes de tormenta, de shock y de ridiculización para poder promulgar unas ideas realmente importantes, de cierta chifladura y cierta soledad que domina a las personas. En suma: válido y valiente del verdadero arte de la ficción.

La muerte de la duquesa

En la turbulenta Italia de los Médicis y los Borgia, el duque De Rocca ve amenazada la paz de su feudo. Dos poderosas familias, enfrentadas por un odio ancestral, se hallan a punto de entablar una guerra a muerte. El duque adopta una solución salomónica: ordena el enlace matrimonial entre dos jóvenes miembros de las familias en pugna. Pero poco antes de llevarse a efecto la unión desaparece la novia y muere asesinada la esposa del duque. El enigmático Segismundo se ocupará de esclarecer los hechos.

La muerte de Guernica

La destrucción de Guernica el 26 de abril de 1937 quedó grabada a fuego en la conciencia europea: fue la primera ciudad «abierta» prácticamente arrasada por completo durante un bombardeo. Fueron tres horas de bombas y ametrallamientos en vuelos rasantes, un atroz ataque, perpetrado en día de mercado, que más tarde fue objeto de una terrible campaña de manipulación. En «La muerte de Guernica», Paul Preston, nos cuenta la historia de ese bombardeo, desde las tácticas de la Legión Cóndor y sus tratos con Franco hasta la obsesión de Mola y la impagable labor de periodistas como George Steer.

La Muerte Blanca

**Simo Häyhä está considerado como el francotirador más letal de toda la historia.**
Durante la Guerra de Invierno librada por Finlandia y la Unión Soviética entre 1939 y 1940 infligió a los soviéticos 542 muertes confirmadas, un récord que aun hoy prevalece. Silencioso y veloz, el objetivo rara vez escapaba a su mira. Su manera de actuar en el campo de batalla se ha convertido en un modelo para los francotiradores de todo el mundo.
Esta biografía de Tapio Saarelainen, oficial de carrera en el Ejército finlandés y experto tirador de éilte, explora en profundidad la vida de Simo Häyhä, la Muerte Blanca, en todas sus facetas. Desde sus hazañas en la Guerra de Invierno contra Stalin, hasta los secretos de su éxito en los nevados paisajes finlandeses, analiza también su carácter y personalidad, su técnica y, también, una mirada detallada de su propio fusil. En definitiva, una obra fundamental para entender la guerra a pequeña escala.

La mitad oscura

Cuando Thad Beaumont en pleno bloqueo creativo, después de que su novela «Las súbitas bailarinas» optara al Premio Nacional de Literatura y lo perdiera, decidió seguir los consejos de su mujer y publicar una serie de thrillers retorcidos y sangrientos bajo el seudónimo de George Stark, no pensó, ni por asomo, que le sería tan difícil «deshacerse» de ese otro yo que, no se explicaba cómo, había dejado de ser ficticio. Cuando el comisario Alan Pangborn apareció en su casa acusándole de un brutal asesinato, Thad quería afirmar su inocencia, asegurar que nada tenía que ver con todos esos monstruosos asesinatos cometidos tan cerca de su casa, ni con la retorcida mente que protagonizaba sus novelas policíacas, ni con las llamadas de aquella voz que, obscena y susurrante, le pedía al teléfono que se rindiese. Pero ¿cómo podía explicar que sus huellas ensangrentadas aparecieran por todas partes en la escena del crimen?

La mirada inmóvil

Esta novela propone al lector un viaje peculiar, desde los enigmas de nuestra historia de principios de siglo hasta las confusiones del presente y del próximo futuro. La desdoblada —en realidad, multiplicada— personalidad del protagonista llega a amalgamar, en su lúcido delirio, un riquísimo repertorio de valores psicológicos, filosóficos, y sobre todo, líricos, es decir poéticos. Y todo en la densa vena de un humorismo implacable. Sender no nos ofrece soluciones, pues para él —son palabras suyas— «la vida es un caminar constante hacia una meta inalcanzable». Un camino a lo largo del cual vivimos el amor y el odio, la voluptuosidad y la angustia, la esperanza, el anhelo, la soledad y el desaliento. La ironía de Sender, ora chispeante, ora apenas insinuada entre líneas, no excluye un delicado trasfondo de ternura (o, acaso, de genuina y muy humana «piedad»). Se realiza así, en la dilatada y frenética consciencia del protagonista, el ideal senderiano de «humanidad desnuda» que nuestro autor contrapone al concepto de «persona», recordándonos de pasada, y no sin intención, que al fin y al cabo «persona» significa «máscara». Máscara que tal vez sólo sea accesible a través de la mirada neutra y terrible del «Bobo de Coria», ese enigmático lienzo en el que Velázquez fijó para siempre la expresión de una insondable obtusidad (o de una certeza no menos insondable…) Una mirada que no sabemos o no podemos descifrar: la «mirada inmóvil» en que el todo y la nada se identifican.

La mesa de las tres moiras

Cuando Jack —norteamericano, piloto de la aviación comercial retirado— sale de su casa dispuesto a dar un paseo por un parque próximo, está lejos de imaginar que va a toparse con el personaje más excéntrico y fantástico que haya conocido en su vida: Mitchell, el esquizofrénico permanentemente acompañado por un mudo celador. El largo monólogo de Mitchell constituye el núcleo central de esta apasionante novela, y a través de él Sender teje una inquietante historia en la que reaparecen una y otra vez los temas obsesivos de la locura universal y de la culpabilidad. Se habla de Hitler, de Stalin, de los crímenes cometidos por los alemanes, del fanatismo japonés, de la humanidad manipulada por la electrónica… Y aunque quien habla se supone que está loco, esta misma locura permite decir sin ningún freno lo que en otro tipo de relato hubiera sido imposible.

La mediadora

Es muy probable que la historia que se cuenta en esta novela, la de Mavi y Agustín, nos toque muy de cerca. Su divorcio engrosa esa estadística que dice que España es el quinto país del mundo por número de divorcios. Por mucho que la suya sea una historia común, repetida miles de veces, tampoco en su caso, como en el de nadie, la estadística les había preparado para la sensación de fracaso, el rencor y la incertidumbre que acompañaron a su ruptura.¿Cómo es posible, se preguntan, nos preguntamos todos, que dos personas que han compartido tanto —hijos, techo, ilusiones y sinsabores— hayan roto sus puentes de una manera aparentemente irreparable? Jesús Sánchez Adalid sorprenderá a sus lectores con una narración muy alejada de sus exitosas novelas históricas. Un relato aparentemente sencillo pero imposible de soltar, cuyos personajes apelarán directamente al corazón de los lectores, a los que harán reflexionar sobre la necesidad de llegar a acuerdos para conseguir perdonar: un requisito imprescindible cuando se quiere vivir en paz.

La matanza de Grub Street

Bruce Alexander de la mano de Jeremy Proctor, el joven asesor del juez ciego John Fielding, nos introduce en esta ocasión en el mundo de la cicatería, las envidias, los resquemores y las rivalidades que a finales del siglo XVIII dominaban el mundo editorial londinense. Ahí parece residir el origen de un macabro y brutal asesinato múltiple cometido en la calle de las imprentas por excelencia, y el perspicaz magistrado tendrá que hacer gala de todo su talento para demostrar que el joven al que arrestaron con un hacha ensangrentada en la mano nada tuvo que ver en ello.

La máscara de una mujer

—¿Crees que ama a otro? Porque no me irás a decir que Kathy es una sentimental… Si he conocido a una joven prosaica, sin gota de sentimentalismo, esa muchacha es mi hija. Mi propia hija. Y te digo, Andrea, que le hablaré esta misma noche. No me gusta su método de vida. Independiente, utilitaria, como si le importara un rábano la opinión paterna. Pues esto se acabó, ¿me entiendes, Andrea? Quiero que mis hijos hagan buenas bodas, que sean todo lo que yo no fui, que tengan hijos a los cuales enviarán a colegios importantes, los eduquen para figurar en el gran mundo.

La mariposa de la muerte

Erika, que aún podía ver gracias a la escasísima luz morada que iluminaba el interior del coche, pudo ver varias calaveras, eran las mariposas gigantes. Todo tenía que ser una pesadilla alucinante, algo extraña e incomprensible. No podían existir semejantes mariposas gigantes, con cabezas de calavera y largas antenas prismáticas que se movían como buscando ondas que captar. Los macabros insectos lepidópteros que rodeaban el coche comenzaron a empujarlo poco a poco… Erika, aterrada, se vio trasladada dentro del vehículo hasta que llegaron a una pendiente y el auto se deslizó más aprisa. Las mariposas quedaron atrás, con las alas desplegadas. El coche cayó al fin sobre una ciénaga y comenzó a hundirse lentamente. Erika apenas se daba cuenta de ello y tenía la impresión de hallarse sobre un bote en medio de un lago. No tardó en ver que el barro subía y subía. Quiso abrir las portezuelas y ya no pudo. Se fue hundiendo inexorablemente, como encerrada dentro de un ataúd de lujo del que no podía escapar. Desesperada, comenzó a golpear los cristales y el techo mientras un buen número de mariposas de la muerte revoloteaban en torno a su cuerpo desnudo.

La marcha de la locura

«La marcha de la locura» incluye cuatro ensayos en los que Barbara Tuchman, presenta ejemplos de la insensatez de los gobernantes: la guerra de Troya, con su famoso caballo que rompiera la resistencia de la ciudad; la actitud de los papas del Renacimiento, motivo en gran medida de la separación protestante; la pérdida de las trece colonias por parte de Inglaterra y la guerra de Estados Unidos contra Vietnam.

La marca del asesino

Un avión de pasajeros es abatido cuando inicia el despegue del aeropuerto de Nueva York. Todo apunta a que detrás del brutal atentado se oculta un grupo radical palestino. Pero poco después aparece el cadáver del presunto terrorista con tres disparos en pleno rostro. Es la marca del asesino, un espectral e implacable ejecutor. Y cuando Michael Osbourne, el agente de la CIA encargado del caso, comienza la persecución del asesino se ve envuelto en una trama cuyos hilos controlan en la sombra los instigadores de una ambiciosa conspiración.