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Tú tan refugio y yo tan a la deriva

Un día cualquiera Marco Corleone sale de su restaurante, mira al cielo, aspira con fuerza y sonríe. Parece simple, pero hubo un tiempo en que hasta respirar parecía imposible. Sus miedos se han ido extinguiendo a la misma velocidad que en su espalda crecían un par de alas listas para volar y perseguir sueños que parecían inalcanzables. Casi todo es como debe ser. Casi. Porque a veces, aunque no quiera, duele. Todo duele: la vida, los golpes de realidad una vez al mes, los recuerdos y las dudas de lo que pudo ser y no fue.
Quizá no es una vida perfecta, después de todo, pero es una vida que jamás soñó tener. Ahora solo necesita acabar de cerrar heridas… O abrirlas en canal y dejar que el dolor se enfrente a cada fantasma con la fuerza de quien se ha superado día a día y el miedo de quien tiene demasiado que perder.

Pietr, el Letón

En el verano de 1929, Georges Simenon, que navegaba por el Mar del Norte, se ve obligado a detenerse debido a una avería del barco. Mientras lo reparan, se instala en una gabarra abandonada. «Esa gabarra, en la que coloqué un gran cajón para mi máquina de escribir y una caja algo más pequeña para mi trastero, iba a convertirse en la cuna de Maigret. ¿Me disponía a escribir una novela popular como las demás? Una hora después, vi que empezaba a perfilarse la mole poderosa e impasible de un tipo que me pareció que sería un comisario aceptable. A lo largo de ese día fui añadiendo algunos accesorios: una pipa, un sombrero hongo y un grueso abrigo de cuello de terciopelo. Y le concedí, para su despacho, una vieja estufa de hierro colado.» Pietr Johannson, conocido como Pietr el Letón, es un famoso delincuente perseguido por las autoridades de toda Europa. La policía parisina es informada de la llegada del estafador a la estación del Norte, donde le esperará Maigret. A su llegada, y tras sospechar que le siguen, Pietr se refugia en el hotel Majestic; pero, tras entrevistarse con un multimillonario norteamericano, cambia de alojamiento. Mientras tanto, en el tren que le ha traído se descubre un cadáver que es la viva imagen de Pietr el Letón… El lector que abra las páginas de esta extraordinaria novela asistirá a un gran suceso: el nacimiento del comisario Maigret.

Una pareja casi perfecta

Amy tiene el marido perfecto. Hugh es guapo, es un buen tipo y un padre maravilloso. Pero un día, de pronto, le dice que quiere que se tomen un descanso. Que necesita estar seis meses lejos de casa, de ella y de la familia, y viajar un tiempo como soltero. Aunque asegura que solo será medio año y que volverá, pues no ha dejado de amarla, Amy teme que no sea así. Porque en seis meses pueden pasar muchas cosas… ¿Y si cuando Hugh vuelva, si es que vuelve, ya no es el mismo? ¿Y si ella también ha cambiado? Pero lo peor es qué hacer mientras tanto. ¿Debe seguir siéndole fiel o puede dejarse llevar? Está claro que en la vida no hay que dar nada por sentado, y Amy está a punto de averiguarlo por sí misma.

Melocotones de viña

En la inmediata postguerra, Pilar y Paulina, dos sencillas vecinas de un pueblo de la Rioja Alavesa, temerosas de Dios, que nunca se han saltado una misa en una fiesta de guardar, comparten un terrible secreto. Viuda una con dos hijos, después de que su marido fuese cuneteado por los falangistas, y madre de doce criaturas la otra, tejerán una urdimbre de lealtad para protegerse a sí mismas y a sus familias, incluso más allá de la muerte. Serán la una para la otra como los melocotoneros que se plantaban entre las vides para detectar tempranamente el oídio y tratar de preservarlas así del temible hongo. Muchos años después, una nieta de ambas descubrirá, sin pretenderlo, las claves de un pacto de silencio en el que, de un modo u otro, participó todo el pueblo. Y comprenderá que Pilar y Paulina, aquellas vecinas sencillas, temerosas de Dios, que nunca se saltaron una misa en una fiesta de guardar, fueron mujeres verdaderamente extraordinarias.

Los mares del sur

Stuart Pedrell, un importante empresario, aparece muerto a navajazos en un barrio extremo de la ciudad cuando desde hacía un año se le suponía en un viaje por Polinesia. Carvalho averigua lo que hizo en el curso de ese año y va desenredando un embrollo que tiene como fondo un sentimiento de frustración general. Desde la alta sociedad al inframundo de los suburbios, la novela traza un intenso cuadro de personajes y ambientes que refleja los conflictos personales y colectivos de la España de la Transición. **

Luna roja

Mientras escuchaba las primeras impresiones del forense, el inspector Néstor Páramo efectuaba un reconocimiento preliminar de la escena del crimen, con sus dos principales protagonistas todavía de cuerpo presente. El doble asesinato había tenido lugar la noche anterior, visiblemente durante el transcurso de una cena íntima, cuyos refinados ingredientes se hallaban dispuestos aún sobre una vasta mesa, emplazada al aire libre, en medio de la inmensa terraza superior de la mansión. El deslumbrante mantel que la cubría tremolaba suavemente por efecto de la leve brisa matutina. Las víctimas eran marido y mujer, ambos en la flor de la vida. Según las apariencias, se habían envenenado mutuamente, mediante sustancias distintas y difíciles de procurar, detalle que parece excluir el suicidio por acuerdo mutuo, para el que bastaba con una de ellas, pero que plantea la ardua cuestión contenida en la problemática simultaneidad de ejecución en que concluyeron dos procesos delictivos visiblemente distintos, preparados con sumo cuidado, durante un lapso sin duda considerable. La elección del mismo “modus operandi” también constituye una sorprendente coincidencia.
Suele suceder que cuando una persona desea eliminar a otra, particularmente en el seno de la institución matrimonial, la inversa es también más que probable, incluso me atrevería a decir que harto frecuente, pero claro, ocurre las más veces que las intenciones de uno de los dos no llegan a conocerse jamás, porque fue el otro quien se adelantó en los hechos.
La ausencia de vida aún no había conseguido apagar esa irradiación de luz y frescura que exhala la juventud. El empaque que debieron poseer causaría sin duda sensación cuando entrarían juntos en un local.
\- ¿Alguna pregunta?
\- Por el momento es suficiente. En cuanto haya cumplimentado la autopsia, le quedaría muy agradecido se sirviese enviarme una copia del informe completo con toda urgencia.
El forense hizo un gesto de asentimiento antes de retirarse.
El inspector se desabrochó el botón de la americana, apoyó los codos en la balaustrada y se puso a contemplar el mar desde aquella atalaya privilegiada. Luego, con ademán distraído, extrajo su móvil del bolsillo interior y escribió dos palabras: “Luna roja”.
Por internet circulaban centenares de imágenes del fenómeno astronómico ocurrido la noche anterior.
He aquí el espectáculo que contemplaron sus ojos mientras el veneno los hacía rodar hacia el abismo de la muerte. Una medalla incandescente en un cielo de tafetán.
Páramo se mordió el labio inferior antes de esbozar una sonrisa resignada. La humana tendencia al mito podría ser nefasta para la carrera de un policía. Como siempre, detrás de este drama, hay una historia que reconstruir con el procedimiento de rigor. En eso precisamente consiste su trabajo. Entre los muchos hilos que se ofrecen al razonador, éste debe escoger el bueno e ir tirando de él.
Lo que el inspector Páramo no podía imaginar en ese momento es que el hilo de marras pudiera llevar atada en su cabo una carga tan consecuente.
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### Sinossi
Mientras escuchaba las primeras impresiones del forense, el inspector Néstor Páramo efectuaba un reconocimiento preliminar de la escena del crimen, con sus dos principales protagonistas todavía de cuerpo presente. El doble asesinato había tenido lugar la noche anterior, visiblemente durante el transcurso de una cena íntima, cuyos refinados ingredientes se hallaban dispuestos aún sobre una vasta mesa, emplazada al aire libre, en medio de la inmensa terraza superior de la mansión. El deslumbrante mantel que la cubría tremolaba suavemente por efecto de la leve brisa matutina. Las víctimas eran marido y mujer, ambos en la flor de la vida. Según las apariencias, se habían envenenado mutuamente, mediante sustancias distintas y difíciles de procurar, detalle que parece excluir el suicidio por acuerdo mutuo, para el que bastaba con una de ellas, pero que plantea la ardua cuestión contenida en la problemática simultaneidad de ejecución en que concluyeron dos procesos delictivos visiblemente distintos, preparados con sumo cuidado, durante un lapso sin duda considerable. La elección del mismo “modus operandi” también constituye una sorprendente coincidencia.
Suele suceder que cuando una persona desea eliminar a otra, particularmente en el seno de la institución matrimonial, la inversa es también más que probable, incluso me atrevería a decir que harto frecuente, pero claro, ocurre las más veces que las intenciones de uno de los dos no llegan a conocerse jamás, porque fue el otro quien se adelantó en los hechos.
La ausencia de vida aún no había conseguido apagar esa irradiación de luz y frescura que exhala la juventud. El empaque que debieron poseer causaría sin duda sensación cuando entrarían juntos en un local.
\- ¿Alguna pregunta?
\- Por el momento es suficiente. En cuanto haya cumplimentado la autopsia, le quedaría muy agradecido se sirviese enviarme una copia del informe completo con toda urgencia.
El forense hizo un gesto de asentimiento antes de retirarse.
El inspector se desabrochó el botón de la americana, apoyó los codos en la balaustrada y se puso a contemplar el mar desde aquella atalaya privilegiada. Luego, con ademán distraído, extrajo su móvil del bolsillo interior y escribió dos palabras: “Luna roja”.
Por internet circulaban centenares de imágenes del fenómeno astronómico ocurrido la noche anterior.
He aquí el espectáculo que contemplaron sus ojos mientras el veneno los hacía rodar hacia el abismo de la muerte. Una medalla incandescente en un cielo de tafetán.
Páramo se mordió el labio inferior antes de esbozar una sonrisa resignada. La humana tendencia al mito podría ser nefasta para la carrera de un policía. Como siempre, detrás de este drama, hay una historia que reconstruir con el procedimiento de rigor. En eso precisamente consiste su trabajo. Entre los muchos hilos que se ofrecen al razonador, éste debe escoger el bueno e ir tirando de él.
Lo que el inspector Páramo no podía imaginar en ese momento es que el hilo de marras pudiera llevar atada en su cabo una carga tan consecuente.

Incorrupta

Maragda va a visitar a su amiga Brigitte Marais gravemente enferma. Está ingresada en un caserón antiguo de un apartado pueblo francés. Allí van a parar los enfermos terminales desahuciados por la medicina y en condiciones pésimas esperan su inevitable muerte. Desoyendo las recomendaciones de los encargados del centro Maradga visita a su amiga y la sorpresa es mayúscula: Brigitte parece un cadàver en descomposición pero está aún viva! En un susurro casi ininteligible le pronuncia un nombre: Beli Polack. Quien es ese hombre? Y que misteriosa enfermeda puede producir tales efectos nunca vistos?

La hora de las mujeres sin reloj

Mamen Sánchez ha vuelto a hacerlo; una irresistible combinación de humor y sensibilidad sostiene una trama tan original como absorbente: sus protagonistas son el inquieto e hipersensible Tony Cienfuegos y Estela Valiente, que, haciendo honor a su apellido, ya desde niña era tan intrépida como inteligente. Los dos amigos están unidos por el amor común a la literatura. Ambos inician con idéntica ambición su carrera de escritores bohemios en los años sesenta, pero será ella, sobre todo, la que consiga que su única novela, De puertas adentro, le valga el reconocimiento universal y el Premio Nobel de Literatura, lo que la convierte en el mito viviente de las letras españolas y le acarrea tanto devotos como adversarios. La acción comienza cuando, ya en nuestros tiempos, la joven y ambiciosa periodista Maya Millás decide trasladarse a Los Rosales, pues está obsesionada con escribir la biografía definitiva sobre Estela, con arrojar luz sobre los no pocos puntos oscuros de su biografía: ¿por qué se retiró cuando estaba en la cima de su gloria? ¿Sería cierto que solo había escrito una novela? ¿Qué provocó que se distanciara de su íntimo amigo Tony Cienfuegos?

Los cuervos de Hollywood

Joseph Wambaugh, maestro del thriller policíaco, ha vuelto con una adictiva novela focalizada una vez más en los oficiales de policía de la Hollywood Station del LAPD; en concreto en el papel que juegan los «cuervos», nombre popular de la Agencia de Relaciones Comunitarias (CRO), compuesto de policías que no están satisfechos en las calles y que se sienten más seguros velando por la «calidad de vida» de los vecinos. Los policías de Wambaugh reiteran que se sienten aplastados por el peso de la vigilancia federal que sobrevino tras varias olas de escándalos relacionados con el cuerpo de policía, pero, naturalmente, en manos de Wambaugh, la vida de esta comunidad rebosa humor negro y sátira social. Así, la narración oscila entre los cuervos y el peculiar grupo de policías callejeros que tienen que lidiar con los residentes de lo que ellos llaman «la capital loca de Estados Unidos». Estamos ante una de las clásicas historias de policías de Wambaugh, extraída de la realidad y conducida con su inimitable e inteligente estilo. Wambaugh derrama una vez más su acidez contra las reglas y las normas burocráticas: Wambaugh cabalga de nuevo.

Un barco cargado de arroz

El cadáver de un mendigo es hallado una mañana en el banco de un parque. En apariencia, uno más de los crímenes cometidos por las bandas de cabezas rapadas. Pero ni Petra Delicado ni su ayudante Fermín Garzón se conforman con esta versión de los hechos, y empiezan a tirar de los hilos de una sorprendente trama con implicaciones imprevisibles. Partiendo de los que viven al margen de la sociedad ―soñando tan sólo en ilusorios barcos cargados de arroz― y apuntando a insospechadas instancias sociales, Giménez Bartlett nos vuelve a sumergir en un caso trepidante, a cuya resolución no es ajena ni la agitada vida sentimental de Petra ni las contradicciones familiares de Garzón. **

Yo también tuve una novia bisexual

Agosto de 2001. Un profesor argentino llega a una universidad en el sur de los Estados Unidos para dar un curso de literatura en español. Todo parece perfecto y en su primera clase descubre algo prohibido pero irresistible: una de sus alumnas, Jennifer, una chica deslumbrante y ambigua, con la que inicia una serie de encuentros sexuales cada vez más arriesgados, en medio del secreto y el disimulo. Ninguno de los dos sabe que ese breve período juntos cambiará sus vidas para siempre y que un acontecimiento brutal acabará por trastocar su mundo de la manera más inesperada. Intensamente carnal, irónica y dramática, Yo también tuve una novia bisexual registra, con la precisión de un diario, «el pasaje ensimismado de los cuerpos que de la nada llega a todo» y recobra para el sexo con audacia toda su complejidad y dimensión literaria.

Yo por dentro

De madrugada, echado en la cama, debatiéndose entre el sueño y la vigilia, un hombre solitario medita, evoca escenas y ajusta cuentas con el pasado. Por su cabeza merodean recuerdos, en ocasiones fugaces, de su juventud, de su carrera como actor, de la relación compleja con su padre y del papel de las mujeres en su vida. La figura paterna aparece de modo recurrente en muchos de esos episodios lejanos: ese padre que formó parte de la tripulación de un bombardero en la Segunda Guerra Mundial, ese padre que tenía una novia muy joven, Felicity, con la que también él mantuvo una relación, formando un triángulo que acabaría desembocando en tragedia… Crepuscular y elusiva, con pinceladas oníricas, la novela está envuelta por los paisajes desérticos de la América profunda, las granjas aisladas como aquella en la que creció el protagonista, los diners, las carreteras inacabables y las vías de tren solitarias, con los aullidos de los coyotes como banda sonora, a los que se suman los ritmos del jazz y el rock’n’roll. «Yo por dentro», con esa escritura seca y desgarrada de la que emerge la intensidad poética característica de Sam Shepard, es una suerte de compendio de sus temas y obsesiones, una intimista invocación de fantasmas en la que se filtran pinceladas autobiográficas, un testamento literario por todo lo alto, que viene además precedido por un bellísimo prólogo de Patti Smith.

Yo no tengo la culpa

Sí, desde que empezó a trabajar allí como botones, habían ocurrido muchas cosas. Llegó primero a reportero deportivo, y luego a jefe de sección. Más tarde a subdirector. Y así continuaba. Míster Blattle había puesto en él toda su confianza… Mejor para míster Blattle. Creía merecer aquella confianza. Míster Blattle era el dueño absoluto del periódico. Y era buena persona. Ya un tanto achacoso y falto de ideas modernas, pero para eso estaba él allí, llevando, como el que dice, toda la responsabilidad del periódico. Pensó en la rubia y entornó los ojos. Una periodista neoyorquina vinculada, al parecer, a su periódico. Hermosa mujer. Muy hermosa, ciertamente.

La vigilante del Louvre

Diana es vigilante en el Louvre y cada día pasea por sus salas, rendida a la belleza de las obras que allí se exponen y con las que ha adquirido la costumbre de hablar y relatarles los pormenores de una vida que se ha instalado en la rutina, muy a su pesar. Un día desembarca en el museo una exposición temporal sobre Courbet que provoca una fascinación inmediata y poderosa en ella. Pero Diana no está sola en esta obsesión, ya que junto a las obras del gran maestro del realismo llegan también visitantes novedosas para la vigilante del Louvre entre las que se encuentra Claudette, una enigmática rubia que, cargada con su violonchelo, asiste fiel a su cita diaria con «El origen del mundo», e Isabelle, una hermosa mujer de cabello rojo intenso, cuyo destino ha sido marcado en gran medida por la modelo retratada en dicho cuadro y de la que conserva su diario como su más preciada posesión.

Trece monedas de muerte

Despertó aturdido, con la lengua convertida en una masa estropajosa y reseca, y ansiando disponer de un gran cántaro de agua con la que saciar la sed producida por el exceso de bebida. En los primeros momentos, Harvey Pitts trató de averiguar dónde se hallaba. Creyó oír voces en las inmediaciones, pero los efectos de la borrachera duraban aún y no tenía la seguridad de que sus sentidos se hallasen en buenas condiciones. De momento, lo único que sabía Pitts era que se hallaba sobre la hierba y en medio de los árboles. Abrió un ojo y pudo distinguir arriba la luna en todo su esplendor. Debía de ser la medianoche o casi, pensó. Movió la mano y tocó algo frío. Al mirar a un lado, vio que era la botella causante de sus males. La agitó un poco; allí ya no quedaba una sola gota de licor.

Toda pasión apagada

Lord Slane, baluarte del Imperio y gran estadista, ha muerto. Le sobreviven su viuda y seis hijos dispuestos a ocuparse de ella. Pero lady Slane tiene otros planes: la sumisa esposa y complaciente madre quiere, al fin, vivir su propia vida. En una pequeña casa en Hampstead, decide cambiar el curso de su historia personal, recuperar sus sueños y descubrir la pasión que empeñó por las estrechas convenciones de un matrimonio Victoriano.