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Pequeños cuentos misóginos

Leer estos diecisiete Pequeños cuentos misóginos es recorrer –de estremecimiento en estremecimiento- una galería de mujeres en caricatura. Los prototipos femeninos de Patricia Highsmith están hechos con la corrosiva crueldad de un ácido. Sin incurrir en la distorsión, la autora destaca con extraordinaria eficacia todo lo más ridículo y perverso. Claro que tampoco los hombres salen mejor parados. Es un despiadado ataque de humor contra el género humano.

El inspector

El rumor de la visita de un inspector a una pequeña ciudad del Imperio deja al descubierto todas las miserias y corruptelas de una sociedad en la que, a falta de cualquier instancia de control, el envilecimiento y el cohecho se convierten en normalidad. Como todos los grandes retratos de la naturaleza humana y merced a la suma capacidad de adaptación a los cambios sociales, políticos y económicos a ella inherente, la obra y su vigencia traspasan el tiempo y las fronteras.

Tres hombres en una barca

Tres amigos, George, Harris y el propio Jerome, deciden remontar el Támesis junto con Montmorency, el perro, un foxterrier que no puede faltar en la compañía de tres gentlemen que se precien. Al hilo de sus aventuras, sus bromas y sus jocosas conversaciones y trifulcas, el lector se sumerge en la hermosa campiña inglesa en un relato donde el humor se combina sabiamente con el documental sobre viajes, pues se trata del libro del Támesis por excelencia, de la descripción de su geografía e historia más amena y risueña que pueda encontrarse. Comparado con los escritores de su época, Jerome constituye una bocanada de aire fresco; su estilo rápido, ágil, desprovisto de solemnidades, casi coloquial y tremendamente espontáneo, encubre una inteligencia literaria que sólo poseen los grandes humoristas ingleses.

Travesuras de Guillermo (ed. ilustrada)

Estos son los doce relatos que componen el libro de Guillermo el travieso. Reordenados según la edición inglesa. Guillermo va al cine – Guillermo recibe un chelín de su tía por unos recados. Compra «bolas de grosella» y va al cine. Al regresar, empuja sin querer a su padre, quien le tira al suelo los caramelos, que se llenan de tierra. Da uno a su vecina Juanita, que enferma por esto; cree que su hermana Ethel y Juanito Morgan se aman, pero él ama en realidad a una amiga de ella, y les concierta una cita; e imita a un pintor visto en el cine, quitando la pintura vieja a la puerta de su habitación con una cerilla y un cortaplumas. Guillermo es un entrometido – Ethel organiza una merienda campestre para que su hermano Roberto y la señorita Cannon no padezcan la intromisión de Guillermo. Pero este, disfrazado del indio «Mano Roja», montado en la bicicleta de su hermano Roberto, que es incapaz de parar una vez ha empezado a rodar, y jaleado por un grupo de niños, llega hasta allí, pasa sobre el mantel y los emparedados y cae a un río, siendo rescatado por un barquero. Guillermo se convierte en botones – Harto de los reproches familiares, Guillermo marcha en busca de fortuna. Cansado y hambriento llama al timbre de una casa. El mayordomo le confunde con el nuevo botones. Limpia varios cuchillos y embadurna con betún unas botas; reprendido, estampa en la cara del mayordomo el cepillo con betún. Huyendo, entra en el salón, resbala y cae, tirando al invitado de los señores, que no es otro que su propio padre. ¡Enamorado! – Guillermo se enamora de su maestra, la señorita Drew. La oye decir que le gustan las lilas. En el suyo y en los jardines cercanos sólo encuentra rosas. Las consigue robándolas de una casa. Pero la señorita Drew le dice que no soporta su olor; las flores que le gustan son las rosas. Decepcionado, su amor se desvanece y el interés por los estudios se torna desidia. La función – Los Proscritos organizan en la habitación de Guillermo una exhibición de animales para ganar dinero con el que comprar arcos y flechas. Pero el centro de interés se vuelve hacia la tía de Guillermo, cuyos ronquidos suenan en la habitación contigua. Al despertarse, la tía Emilia, indignada al verse rodeada de niños, abandona la casa, para satisfacción del padre de Guillermo, a quien no castiga por la función. Cuestión de gramática – Dos negativos, en la misma frase, equivalen a un sí, aprende Guillermo en la escuela. Aprovechando la ausencia de sus familiares, organiza una fiesta en su casa, invitando a toda su clase, pese a que su padre se lo había prohibido utilizando dos negativos en la misma frase, lo que para Guillermo equivale a un consentimiento. Pronto la fiesta degenera en estropicio. Guillermo ingresa en la «Asociación de la Esperanza» – La señora De Vere Carter consigue que los cuatro Proscritos ingresen en una Asociación, lo que avergüenza a los niños. En una breve ausencia de la señora, Guillermo y sus amigos hacen que los otros niños reunidos se comporten como una jauría, para horror de la señora De Vere Carter. Los Proscritos – Dispuesto a reunirse con sus amigos Enrique, Douglas y Pelirrojo, Guillermo es requerido por su madre para que saque a pasear en su cochecito al hijo de la señora Butler. Fastidiado, así lo hace, aunque lo lleva consigo a la reunión, excusando que lo ha raptado para pedir un rescate. El niño es devuelto a su madre hecho unos zorros con la comida que cada Proscrito había llevado. Guillermo, paje de boda – Guillermo y su prima Dorita se sienten humillados al ser vestidos con trajes de satén blanco para hacer de pajes en la boda de su prima Sybil Grant. Imitando a su primito Miguel, ambos se sientan en un sillón empapado por este de zumo de naranja, con lo que evitan ir a la boda en el último momento. El Primero de Año de Guillermo – El dueño de una tienda de caramelos le pide la mano a su amada cada primero de año. Ante la tardanza de su sobrino, que está enfermo, acude a su cita anual dejando a Guillermo al frente de la tienda. A su regreso, no le importa que este se haya comido y regalado un montón de caramelo, pues su amada ha aceptado al fin su petición de matrimonio. Conspiración fracasada – El joven Jaime French, por la ayuda que Guillermo le presta para entablar amistad con su hermana Ethel, a la que el joven ama, le regala un par de ratas blancas, las cuales causan horror a la familia, incluida Ethel, y hacen que, enterados estos de quién se las ha regalado, miren con malos ojos a un desesperado Jaime. «Jumble» — Guillermo se encuentra en la calle a Jumble, un perro mezcla de mil razas. Lo toma como mascota para disgusto de sus padres. El perro pertenece a un pintor errante y a su hija, quien, decidida a adquirir un perro mejor, se lo da a Guillermo. El pintor convence a sus padres para que se lo quede.

Solo los locos se enamoran

¿Un trabajo prometedor como doctora en Cabo Cod? Hecho. ¿Una preciosa casita en propiedad? Hecho. ¿Un perro adorable para dar paseos frente a vecinos atractivos? Hecho. Lo único que necesitaba para tenerlo todo era que el chico de oro, y antiguo amor de instituto, Joe Carpenter se fijase en ella. Pero la perfección no era tan fácil como parecía, sobre todo cuando Sam Nickerson, policía local, resultaba una distracción frecuente. No formaba parte de su plan maestro. Pero tal vez fuera el momento de que Millie empezara una nueva lista…

Para leer mientras sube el ascensor

Esta obra es una Selección de escritos breves de Jardiel Poncela, dramaturgo y novelista español que renovó el humor del teatro cómico y del que es maestro indiscutible. «Para leer mientras sube el ascensor» (1948), último libro editado por el artista no mucho antes de su muerte, en plena época de agotamiento creativo. Mucho de la mejor prosa breve de Jardiel estaba allí: sus «Novísimas aventuras de Sherlock Holmes» y «las Nueve historias contadas por un mudo», las «Aventuras estúpidas», la din«Las dulzuras de Escajolia» (único ejemplo existente del género literario del momeciclo), las parodias que iban desde los meros pasatiempos de almanaque hasta la poesía ultraísta… El amor constituye el tema ineludible de la obra de Jardiel Poncela. Amor y humor sirven a Jardiel para comunicar su visión pesimista del mundo, la amargura de las relaciones amorosas, su desilusión ante la vida. El resultado es una creación literaria única y singular en la literatura española. Y como reza su epitafio: Si queréis los mayores elogios: moríos.

Nosotros, los mayores

Mayores, ancianos, viejos, abuelos, longevos, vetustos, octogenarios, carcamales, añejos… Mil son los nombres de la vejez, ese momento de la vida en el que uno descubre que el futuro es cada vez más cortito y que poco le inquieta el porvenir. Fernando Fernán Gómez, con la mirada serena e irónica que da el haber vivido tanto, reflexiona en estas brillantes páginas sobre esos años finales que no constituyen precisamente una segunda infancia, pero que recogen los frutos de una existencia muchas veces irrepetible. El paso del tiempo, la juventud perdida y a veces robada, los sueños cumplidos, los amores verdaderos, el merecido reposo tras años de oficio o el miedo a envejecer son algunos de los temas a los que se acerca el autor de este libro, un hombre mayor que dice sentirse «fuera del tiempo».

Los millones

A uno del GRAPO cuyas ilusiones son tan austeras que más que soñarse, se padecen, le gusta consolarse perfumándose con Nenito (remedo de Nenuco) y fumando Rex (en cajetilla de Marlboro). En uno de sus muchos días de rutina miserable y clandestina le toca la primitiva pero cuando aprieta en su puño el boleto premiado con 200 millones de pesetas, 2.12.13.14.45.49, constata que para no haber creído jamás en la suerte, bastante mala la tiene. Ese 13 se lo recuerda, mientras que el 45 lo lleva a pensar en Hiroshima y el 49, en el autobús con el que enfila cada día el taller de Benetton en el que cose etiquetas para polos que, como su vida, son una imitación. Porque no puede cobrar aunque tiene 90 días para hacerlo. En ese tiempo le tocará otra Primitiva: conocerá a una periodista que, ironía extra, responde por ese nombre. Ella, que buscaba al ganador desaparecido, encontrará a este perdedor con el que comparte un alto déficit de cariño y una pasión casi infantil, y por tanto genuinamente pura, por los trenes. ¿Pero entonces por qué no cobra y coge uno con ella? Porque no tiene DNI y sin embargo existe y, por todo eso, sufre. Manual de supervivencia para tiempos de crisis y prefijos infames (microsueldos, infraviviendas, seudovida) y retrato de la búsqueda de identidad, «Los Millones» es, además, un clásico instantáneo y una historia de amor gigante.

Las aventuras del buen soldado Švejk

«Una gran época pide grandes hombres. Hay héroes desconocidos y oscuros, privados de la fama y de la gloria históricas de un Napoleón. Hoy mismo podríais encontrar, por las calles de Praga, a un hombre desaliñado que no se da cuenta de la importancia que tiene para la historia de la magna época moderna. Si le preguntarais cómo se llama, os contestaría con sencillez y modestia: “Soy Svejk…”». Así empieza una de las novelas más hilarantes y subversivas de la literatura universal: «Las aventuras del buen soldado Svejk». Heredero de Cervantes, Rabelais, Fielding o Sterne, en la segunda década del siglo XX el escritor checo Jaroslav Hasek dio vida al entrañable y humilde soldado Svejk, enrolado en las filas del ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial. Las desternillantes y sorprendentes andanzas de este simpático pícaro moderno, estúpido y sabio a la vez, ninguneado por los estamentos militares. «La comisión me declaró oficialmente idiota. ¡Soy un idiota oficial!», llega a declarar el propio Svejk, constituyen un manifiesto antibelicista de primer orden, una proclama satírica e irreverente contra la futilidad y el sinsentido de la guerra narrada desde la óptica de un idiota genial. La presente traducción de Monika Zgustova fue premiada con el Premio Ángel Crespo 2010. Ahora la reeditamos con las ilustraciones de Josef Lada.

La señora Harris en Nueva York

Paul Gallico introduce en esta nueva aventura de la señora Harris y su inseparable amiga, la señora Butterfield, el caso del pequeño Henry, a quien su madre dejó a cargo de una familia a cambio de una libra semanal por su manutención y con los años desapareció. Desde entonces, y sin paga, para la familia el niño es una despreciable carga y lo maltratan sin cesar. Habiendo averiguado que su padre fue un soldado de Alabama llamado George Brown, las dos amigas «secuestran» al pequeño, lo cuelan como polizón en un transatlántico y se lo llevan a Nueva York. Están convencidas de que encontrarán al «señor Brown» y de que este se alegrará de la buena nueva. «La señora Harris en Nueva York» (1960) sigue la línea de cuento de hadas de «Flores para la señora Harris» (1958), con sus observaciones realistas sobre el sistema de clases y la doble cara de todo sueño, pero cuenta con la novedad de un punto de partida no tan ligero como el deseo de comprarse un vestido de Dior. En todo caso, su humor y su confianza en la amistad y la simpatía son los mismos y dan pie a otra sátira amable y distinguida, que esta vez se ambienta entre diplomáticos, millonarios de Park Avenue, estrellas de cine y cantantes de «hillbilly».

La Oveja Negra y demás fábulas

Sucintas, intensas, bellas, reveladoras, deslumbrantes, estas fábulas son una excelentísima muestra del mejor talento de uno de los grandes maestros del relato corto. Es como si cada historia estuviera contada en un gesto. No hay exceso ni demasía. Hay pulso y sobre todo la fuerza de una creación que irrumpe y transforma. Augusto Monterroso es uno de los grandes escritores latinoamericanos de nuestro tiempo, que logra seducirnos, de principio a fin, con su prosa rápida y amena. «Este libro hay que leerlo manos arriba: su peligrosidad se funda en la sabiduría solapada y la belleza mortífera de la falta de seriedad.» —Gabriel García Márquez. «Imagine el fantástico bestiario de Borges tomando el té con Alicia. Imagine a Jonathan Swift y James Thurber intercambiando notas. Imagine a una rana del Condado de Calaveras que hubiera leído realmente a Mark Twain: he aquí Monterroso.» —Carlos Fuentes. «Los pequeños textos de “La Oveja Negra y demás fabulas,” de Augusto Monterroso, en apariencia inofensivos, muerden si uno se acerca a ellos sin la debida cautela y dejan cicatrices, y precisamente por eso son provechosos. Después de leer “El Mono que quería ser escritor satírico,” jamás volveré a ser el mismo.» —Isaac Asimov.

La corporación

En la Corporación Zephyr nadie ha visto nunca al Consejero Delegado en persona, aunque está presente a diario en las comunicaciones internas de la empresa. La recepcionista, especialmente guapa, cobra el doble que cualquier otra persona, si bien no parece que tenga ninguna tarea asignada. Los agentes comerciales utilizan libros de autoayuda como manuales de ventas y cualquier empleado de la firma puede montar un pollo sólo porque ha desaparecido el donuts que le correspondía y al que la empresa invita de vez en cuando. ¿Se trata de una empresa normal? En realidad sí, aunque se dedique a algo muy poco habitual y que el lector sólo descubrirá muy al final de la novela.

Historias cómicas de fantasmas

Escribir una buena historia cómica de fantasmas es, reconocidamente, una de las pruebas literarias más difíciles. Sin embargo, varios grandes autores la han superado con éxito espectacular, así: La leyenda del valle durmiente de Irving, El fantasma de Canterville de Wilde, El Rey Peste de Poe, se sitúan en las más altas cotas de popularidad en la historia de la narrativa breve, mientras que La tercera persona de Henry James, es una maravilla de ironía y virtuosismo, y Laura de Saki, una excelente muestra de calidad técnica y riqueza de efectos cómicos habituales en este maestro del humor negro inglés.

Gloria y vejamen de Nancy

Secuela de «La Tesis de Nancy», narrada en una serie de cartas a su prima Betsy. El carácter jocoso de la obra resulta del desconocimiento por parte de Nancy de las costumbres, picardías, dichos, juegos de palabras, malas traducciones, el exotismo, y malentendidos con la vida un tanto conservadora, costumbrista y tradicionalista de la Andalucía de mediados del siglo XX.

El frente ruso

A veces un pequeño detalle lo puede decidir todo: el que condiciona la carrera de un joven funcionario, un tanto ingenuo, del Ministerio de Asuntos Exteriores francés es el maletín que le ha regalado su madre por su primer trabajo. El día de su toma de posesión, el jefe de personal tropieza con él y destina a su dueño al departamento de «Países en vías de creación. Sección Europa del Este y Siberia»: el frente ruso. Utilizando este peculiar negociado como base de operaciones nuestro hombre intentará hacer carrera en el ministerio, aunque sus intentos no siempre tendrán éxito. El ambiente en el que desempeñará su trabajo está poblado por una peculiar fauna —una secretaria «hippy» a punto de jubilarse, un informático fantasmón, un jefe inepto o un compañero trepa— que le resultará familiar a todo el que haya trabajado en una oficina alguna vez. Publicada con gran éxito en Francia en el año 2010, esta desternillante sátira de la burocracia y el mundo empresarial tiene también un trasfondo amargo: el que deja la renuncia a toda ambición.

Arcoíris

Carla Suárez es una chica algo estrambótica a la que le gusta llevar el pelo de mil formas y tonos diferentes y vestirse con ropa de múltiples colores que a veces ni siquiera combinan entre sí; sin embargo, es un cerebrito: es ingeniero informático y habla nueve idiomas. Nada más terminar la carrera recibe una oferta de trabajo, y cuando acude a la entrevista se encuentra con que Víctor Trueba, el hermano mayor de su mejor amiga, trabaja allí como psicólogo. Víctor es un hombre extremadamente serio y aburrido, que siempre lleva traje azul y corbata y de quien ella se burló mucho en su adolescencia. Cuando empieza a trabajar se da cuenta de que ni él es lo que parece ni la empresa tampoco.